¿Cómo Educar La Inteligencia Emocional?. Por: Mary Elizabeth Arena


Es muy interesante poder comprender que la inteligencia emocional significa cómo manejar de manera inteligente nuestras emociones. En este caso, más que como educar a un niño con Inteligencia emocional, considero más importante que nos preguntemos a nosotros mismos como padres: ?Estoy siendo un buen modelo de inteligencia emocional para mis hijos? En que me debo enfocar como padre para desarrollar mi propia inteligencia emocional y servir de modelo a mis hijos.

Según Elias, Tobias y Friedlander (2004), en su libro “Educar con Inteligencia emocional” estos autores, describen algunas características que todo padre que quiere educar a sus hijos con inteligencia emocional debe de tomar en cuenta.

La primera característica es el reconocimiento de las emociones. Esto quiere decir el poder realmente conectarnos con nosotros mismos y saber qué emociones sentimos, se dice fácil pero en la práctica, no lo es tanto. La mayoría de las veces vivimos en el afuera, en lo que tenemos que lograr, los horarios, las rutinas, y cuando nos preguntan nuestros amigos o conocidos: ?como estas? o ?¿Cómo te sientes? ¿Qué contestamos? La mayoría de las veces decimos: bien, aunque esto no sea la realidad.


Es una costumbre, decir que estamos bien, pero en realidad estamos conectados con nuestros sentimientos? O simplemente lo decimos para no ahondar en detalles de cómo nos sentimos con las personas que nos preguntan? Según los autores antes mencionados, es de suma importancia poder reconocer nuestras emociones y ser honestos con nosotros sobre las mismas. Si no sabemos qué emociones sentimos, como vamos a poder regularlas o como vamos a poder buscar ayuda cuando la necesitemos. Para poder educar con inteligencia emocional, es importante que se pueda hablar sobre las emociones con nuestros hijos y saber expresarlas con claridad, por ejemplo: “me siento preocupado por la decisión que tomaste, porque temo que te traerá consecuencias” o “ me siento contento porque tomaste una buena decisión, estoy orgulloso de ti. También es importante preguntarles a nuestros hijos, cómo se sienten para que de este modo se desarrolle en ellos esa capacidad de introspección o de conexión con ellos mismos.


En ocasiones, según la edad de los niños, el repertorio de las emociones es limitado, solo podrán reconocer cierta cantidad de emociones como: tristeza, felicidad, enojo, miedo. Para que puedan reconocer más emociones, existen ciertos ejercicios que pueden hacer los niños junto con los padres para desarrollar el conocimiento y el etiquetado de las emociones, uno de estos ejercicios es el dibujar círculos y dentro de ellos caritas con diferentes expresiones emocionales, así el niño puede, según la expresión que ve, etiquetar qué emoción está expresando la carita y se propicia así una conversación entre el padre y el niño sobre en qué situaciones se pueden presentar dichas emociones.


Otro ejercicio para ampliar el conocimiento de las diferentes emociones es enseñarle unas planillas con una gran gama de diferentes emociones, que el niño puede identificar en sí mismo y en los demás. El reconocimiento de la gama de las emociones también se puede encontrar en las fábulas o libros que le leemos a los niños, para hacer esto más fácil, podemos preguntarles a nuestros hijos, cómo crees que se sintió el personaje principal? ¿Cómo te hubieras sentido tú si esto te hubiera pasado a ti?.


Es importante también que se hablen de las emociones como reacciones normales que todos los seres humanos tenemos y no juzgar a nuestros hijos por lo que sienten. Muchas veces los niños se pueden sentir culpables por sentir celos, o por sentir enojo, las emociones son naturales y no debemos de hacer sentir culpables a nuestros hijos por sentirlas, lo que sí es necesario es ayudar a que ellos puedan gestionar esas emociones,es decir, aprender a manejarlas y utilizarlas para que puedan ser el motor para hacer cambios positivos en nuestra vida.


La segunda habilidad que es importante para que logremos transmitir la educación emocional es desarrollar la empatía, la empatía es la capacidad de compartir los sentimientos del otro, para ello, es necesario poder reconocer nuestras propias emociones. La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, en “sus zapatos” y sentir lo que el otro está sintiendo, pero sabiendo que ese sentimiento es del otro y distinguir las emociones propias. Mientras Ud. más conozca sobre sus sentimientos, más podrá reconocer los sentimientos de los otros.


La empatía es importante para ser considerado con los demás, en el caso de los niños este entendimiento es muy importante para evitar que tengan conductas de peleas o de irritabilidad hacia otros. Si el niño sabe reconocer que su amigo o su hermano está triste porque él actuó con enojo o con mala actitud, este niño para evitar la tristeza de su hermano o amigo, podrá hacer un cambio en su comportamiento.


Es preciso también precisar, que por medio de la empatía se pueden entender los diferentes puntos de vista de las personas y se puede llegar a acuerdos y la tan ansiada tolerancia, la resolución creativa de los problemas e incluso al control de la impulsividad.


La tercer característica, según los autores citados antes, de la educación emocional, es el control de impulsos, como ya se describió antes, la evaluación de los diferentes puntos de vista pueden ayudar a que se adquiera un control de impulsos efectivo, sin embargo, hay algo más, la gratificación retardada, según Damiel Goleman es un aspecto clave para la regulación de los impulsos. Cuando hablamos de la gratificación retardada, recuerdo el interesante experimento del psicólogo Walter Mischel, para poder evaluar el autocontrol en los niños, el experimento consistía en que se le decía a un grupo de niños, que tenían la posibilidad de escoger una golosina en ese momento, o bien, esperar y ganarse dos golosinas hasta que el experimentador ingresara nuevamente en el salon donde ellos estaban. Algunos niños no quisieron esperar, más sin embargo otros tomaron la determinación de hacerlo. Todos los niños que participaron en este experimento, fueron evaluados hasta la culminación de sus estudios de preparatoria y se puso así en evidencia que los niños que podían controlar mejor sus impulsos tenían una mejor conducta y mejores resultados psicológicos.


Educar el autocontrol es a veces complicado pero puede evitar muchos problemas familiares, cuando existe un problema por lo general reaccionamos huyendo o peleando, sin embargo estas dos reacciones no son útiles para resolver conflictos, por lo tanto el autocontrol es necesario y este se logra por medio del reconocimiento de nuestros sentimientos y de las diferentes perspectivas de los demás.

La cuarta habilidad de la inteligencia emocional es el poder plantearse objetivos positivos y hacer planes para alcanzarlos, aquí juegan un papel crucial el optimismo y la esperanza y la evaluación de la efectividad de la planeación para lograr nuestros objetivos. Los niños también pueden aprender a planear y a tener metas por el modelo que le ponen sus padres.. Muchas veces, los niños no comprenden el significado de la palabra objetivo, para su entendimiento algunos niños visualizan sus objetivos como un blanco, un timón, un volante o una brújula. Los objetivos son útiles para que haya una debida planeación y para que con ella se puedan conseguir las metas.


La última habilidad de la inteligencia emocional que describen los autores es la utilización de las dotes sociales positivas a la hora de manejar las relaciones. Las dotes sociales positivas son la buena comunicación y la resolución de los problemas y el saber pertenecer a un grupo. La comunicación es muy importante para que haya un entendimiento entre las personas, para ello se necesita expresarse de un modo claro, saber escuchar y aportar respuestas constructivas. El pertenecer a un grupo, es muy importante para que funcione una familia, así como la escuela, el trabajo o la comunidad. Por ello debemos de tener las habilidades sociales de comunicarnos de una forma efectiva, saber expresarse, saber escuchar, poder sintonizar nuestras emociones con las de los otros, todo esto conlleva que los grupos funcionen mejor. Todas estas habilidades son modeladas por los adultos. Algunas actividades en familia que pueden ayudar a que se desarrollen estas habilidades son por ejemplo el poder planear unas vacaciones en familia, y poder hablar sobre las diversas opciones que existen, los diversos intereses de los miembros de la familia y cómo poder satisfacer cada uno de ellos. El poder expresar lo que cada uno quiere, saber escuchar, tomar turnos para hablar y resolver conflictos de forma creativa es muy provechoso para que cualquier grupo funcione. Así mismo, cuando no hay un acuerdo,y los niños no se salen con la suya, ellos aprenden que a pesar de las frustraciones que la vida pueda presentarles, ellos podrán salir adelante y se enfocarán hacia el futuro para lograr sus metas.


El capítulo de este libro: “Educar con inteligencia emocional”, me pareció super interesante, ya que como padres, en muchas ocasiones pensamos que solo tenemos que educar a nuestros hijos a seguir reglas y que si están siendo obedientes, ya hemos cumplido como padres, la educación emocional es mucho más que eso, y es de suma importancia para el desarrollo integral de los niños, por medio de las habilidades de la inteligencia emocional, los niños aprender a tener una mejor relación con ellos mismos y con su mundo. La inteligencia emocional les ayuda a fijarse metas y a la planeación efectiva para conseguir dichas metas, así como a tolerar la frustración que se les puede presentar. Todas las habilidades de la inteligencia emocional se pueden desarrollar por medio de presentarles a los hijos unos modelos de padres emocionalmente inteligentes. Nunca es tarde para aprender y siempre estamos aprendiendo algo nuevo, si Ud. tuvo esta información cuando era padre, tal vez pueda aprender a ser un modelo de persona emocionalmente inteligente para sus nietos o bisnietos, e incluso para sus hijos que ya son mayores. Así que ánimo, ¡si se puede!





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