¿Cuerpo o Mente?... ¡Los dos! por Ingrid Pedre



Muchos de mis pacientes vienen a consulta convencidos de que necesitan ayuda

desde el punto de vista de la salud mental. La depresión y la ansiedad son los síntomas más comunes de identificar y mis pacientes están generalmente listos para tomar acción sobre ellos.


Es de esperar entonces confusión cuando en la primera consulta yo comienzo a indagar sobre sus hábitos alimenticios, la actividad

física y el sueño. Muchos se sienten intrigados y básicamente decepcionadosporque después de todo ellos están aquí “solo por la ansiedad” y “eso no tiene nada que ver con el cuerpo”. La desconexión es real.


Sin embargo, cada vez se acumulan más y más las investigaciones que sugieren una relación bastante causal entre los síntomas de la depresión y el nivel de actividad físico, la alimentación saludable, el tiempo que se pasa al aire libre, y la calidad del sueño.


Durante la conversación sobre estos temas no es poco común que las personas tengan una percepción martirizada sobre a la implementación de un estilo saludable de vida. Esto es mi opinión debido a los sistemas mediáticos como Instagram y Facebook donde las fotos del “antes y después” nunca explican nada sobre el tiempo y el esfuerzo, así como las diferentes condiciones socioeconómicas

relacionadas con el cambio de la persona que posa.


Es de esperar que la gente se resista. Así que lo primero que hacemos en terapia es

establecer expectativas realistas sobre el cambio a ocurrir y esas expectativas las

define el paciente y solo el paciente. Lo mas interesante de todo es que una vez que

mis pacientes deciden implantar estos cambios, casi inmediatamente la depresión y

la ansiedad comienzan a disminuir y la terapia se torna mucho más eficiente no solo porque “el cuerpo te ayuda” como me dijo un paciente una vez (la energía y concentración aumenta) sino también porque por primera vez en mucho tiempo mis pacientes se dan cuenta de que el control no está afuera sino dentro de ellos

mismos y ellos tienen el poder para ejercerlo. Esa es una realización ponderosa.


Así que aquí les va los cambios en el estilo de vida que yo he encontrado son los más efectivos y en los que trabajamos mis pacientes y yo como parte de la terapia:


1. Disminuya la comida rápida (de nuevo, para muchas personas no es realista sencillamente parar por completo de comer comida rápida. Somos seres ocupados y la comida rápida cumple su función. Sin embargo se puede disminuir e incluso se pueden identificar opciones más saludables dentro de ella). Cocina más en casa siempre que puedas


2. Incluya 30 minutos de actividad física al día fuera de la casa. La iluminación dentro de la casa no es ni remotamente tan clara como el sol y nuestro ritmo circadiano responsable del sueño sufre cuando no recibe suficiente

información sobre si es de día o de noche. Caminar al aire libre y tomar el sol también nos provee de vitamina D, la cual es invaluable para el desarrollo inmunológico. En estudios recientes las estadísticas sugieren que

la inmensa mayoría de las personas sufren de falta de vitamina D porque la revolución industrial y el desarrollo tecnológico entre otras cosas cada vez más nos obliga a permanecer dentro de nuestras casas, oficinas, etc.


3. Tome suplemento diario de omega 3. La dieta de los seres humanos ha evolucionado también con el desarrollo tecnológico. La mayoría de nuestros alimentos no vienen ya de un ambiente natural, sino de granjas artificialmente creadas para producir más y más rápido. Esto entre otras variables ha provocado una disminución en la cantidad de omega 3 necesaria para un balance adecuado entre omega 3 y 6 en nuestro organismo. Para más información sobre estas investigaciones léase el libro “The depression Cure” del Doctor Stephen Ilardi.


4. Haga una cita con su doctor primario o nutricionista y pídale un chequeo general para saber los niveles de vitaminas en su organismo. Cada vez las investigaciones apuntan más hacia que los estados de ánimo están directamente relaciones con falta de zinc, por ejemplo, o magnesio.


5. Pregúntese a usted mismo cuando tenga ganas de comer: Por qué estoy comiendo? La actividad de comer ha adquirido muchas funciones. No siempre comemos por hambre, muchas veces comemos porque estamos

aburridos, o porque estamos tristes, o porque necesitamos placer.


6. Preste atención al acto de dormir. Dormir es unas de las actividades más importantes del organismo. Cuando uno duerme bien, el ánimo, mejora, la memoria se consolidad, las funciones cognitivas son más eficiente, el

sistema inmunológico se optimiza. Es increíble cuan común es la falta de calidad y suficiente tiempo de sueño que reportan mis pacientes.


7. No espere por la motivación: Las personas tienden a pensar que es necesario la motivación (o alguna fuerza sobrenatural) para implementar cambios en la vida. La realidad es que la motivación no precede al cambio sino todo lo contrario, el cambio precede a la motivación. Mientras más uno realiza una

actividad, más motivado se siente a continuarla. No espere a sentir ganas de

cambiar, decida hacerlo a pesar de las ganas. Decida hacerlo porque usted quiere, porque usted no es esclavo de sí mismo, porque usted no es un preso de su mente, y porque usted está en control. Los hábitos no se desarrollan en una semana. Los hábitos están formados de simple y pequeñas actividades que se hacen consistentemente por el resto de nuestra vida. Elija una y comprométase con ella...el resto pasa solo !


Mucho más podría decirse, pero me atrevo a asegurar que implementando estas actividades será un buen y agradable comienzo a una vida más conectada no solo con nuestra mente sino con nuestro cuerpo.


Buena suerte!


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ABOUT

Ingrid Pedre Es Cubana viviendo en Texas, psicóloga en therapy works especialista en ansiedad y depresión se especializa en adolescentes adultos y Parejas.


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