Salud Mental y Nutrición por Astrid Garza


Nos encontramos en una época donde todo es inmediato, automático y preciso. La tecnología y los medios de comunicación permiten compartir tu día a día con un solo click. Los trends pasan a ser la ley por la cual nos regimos como cultura; dictan qué música debemos escuchar, cómo debemos vestirnos, comportarnos y hasta qué comer para pertenecer a la sociedad en la que vivimos.


En el tema de salud especificamente esto ha promovido diferentes afecciones tanto físicas como mentales en la población. Existe un concepto perturbado de salud y lo que esto conlleva, como la imagen corporal y las dietas a seguir. Actualmente, la influencia de las redes sociales es considerada un factor de riesgo para los trastornos de la conducta almentaria (TCA), debido a la proyección de una imagen idealizada sobre la delgadez en los cuerpos y una falsa versión de salud como sinónimo de belleza. Al igual que la aparición de páginas web que hacen apología de la anorexia y la bulimia, ya que presentan los TCA como forma de vida y no como enfermedades mentales.


Ese fácil acceso a compartir y recibir cualquier tipo de información nos hace vulnerables y un easy target a malas conductas alimentarias e insatisfacción corporal. Una persona sería considerada saludable si existiese un equilibrio entre la imagen real percibido de uno mismo y la imagen ideal, lo que sería un buen autoconcepto, es decir una buena autoestima. Pero, ¿qué pasa cuando la “imagen ideal” esta alterada?


La presión por seguir un estandar de belleza falso afecta en las conductas alimentarias de las personas, haciendoles caer en círculos viciosos interminables de dietas restrictivas que bajan los niveles de glucosa en sangre, alteran el humor y aumentan la irritabilidad de la persona, generando constante hambre e instafisfacción por no saciar a ésta, desencadenando atracones hipercalóricos que den placer inmediato más no prolongado que lleva a la culpa y al body shaming, suficiente razón para volver a comenzar el cíclo.


Se manejan muchas recomendaciones alimentarias y dietas rápidas al público, generalizadas, las cuales no son aplicables para todos. Existen diferentes somatotipos de cuerpos y de acuerdo a ellos es que se lleva a cabo una u otra estrategia alimentaria para su óptimo estado de salud. Por ende lo que es bueno para una persona, no necesariamente lo será para otra, así como no existe solo un tipo de complexión. Un cuerpo sano tiene muchas formas y puede ser alimentado de diversas maneras. Es la ignorancia la que nos aleja de lograr la mejor versión de nosotros, tanto física como mental. Es por eso que es inminente acudir al nutriologo como parte de nuestro mantenimiento personal.


El problema de estas dietas rápidas y trends de salud es que promueven resultados inmediatos de solo una variable, el peso. El peso es completamente relativo, varía de acuerdo a la estatura y complexión de cada persona. Un jugador de futbol americano pudiera pesar arriba de los 120 kg, lo cual pudiera pensarse como sobrepeso, cuando la realidad es que es un atleta de alto rendimiento completamente sano ya que un 13% de su peso es conformado por grasa, 45% por músculo, 37% de agua y el 5% de masa ósea.


También satanizan a los carbohidratos y prohiben alimentos generando dietas restrictivas. La rigidez con la que exponen los alimentos permitidos termina por generar descompensaciones severas en el cuerpo ya que no son dietas sostenibles al largo plazo. El cuerpo necesita de los carbohidratos como su principal fuente de energía para su desarrollo y funcionamiento. Otros promueven ayunos y dietas basadas exclusivamente en bebidas como jugos/zumos, enfocandose solo en los micronutrientes que el cuerpo necesita, generando problemas gastrointestinales a mediano y largo plazo por alterar la microbiota intestinal. La nutrición va más alla de evitar la “comida chatarra” y alimentarse de frutas y verduras.


El trabajo del nutriólogo es adecuar un plan alimenticio exclusivo y personalizado para el paciente y educarlo llevar a cabo una dieta completa, equilibrada, variada, suficiente e inocua que le permita tomar mejores decisiones alimentarias y promover la actividad física adecuada. Lamentablemente, se suele acudir al profesional de la salud cuando nos encontramos en alguna urgencia, ya sea médica o de presión social. Es raro encontrar al paciente que llegue a una consulta porque quiera mejorar sus hábitos y cambiar su estilo de vida solo por ver por su salud. La nutrición es y debería ser una práctica preventiva, no algo a lo que acudimos cuándo queremos vernos mejor para un evento social. Frecuentemente me pasaba que llegaban pacientes pidiendo una “dieta” porque saldrían de viaje a la playa o porque se casaban y tenían que entrar en ese vestido de novia.